Join to recieve our newsletter

Inside México Logo


La Llorona Un Lamento de Cinco Siglos

Curiosamente, con la conquista de los españoles, el eco de la Cihuacóatl se dispersó y en cada región se fusionó con la imagen de varias deidades femeninas: Auicanime “la necesitada, la sedienta”, diosa del hambre de los tarascos de Michoacán; Xtabai, diosa del suicidio según los mayas de la Península de Yucatán; Xonaxi Queculla,”la señora de la red de carne”, deidad de la muerte, del inframundo y de la lujuria entre los zapotecos, en Oaxaca[1].

Y por supuesto, surgió también la versión “colonial”, la de una hermosa y joven mujer que, rechazada por el hombre que amaba, ahogó a sus hijos y luego se suicidó. Al llegar a las puertas del cielo, Dios le preguntó por sus criaturas y ella contestó: “No lo sé, mi Señor”, así que se el envió de regreso para que los buscara.

Y así pasó la pobre mujer los siglos de la Colonia, los años de Independencia y la Revolución, buscando a sus hijos entre los rieles de los trenes, entre las ramas de los árboles, debajo de los puentes, en las ruinas de las haciendas… La escritora mexicana Carmen Toscano describió en “La Llorona” (1959) cómo estremecía a los habitantes de la Nueva España:

“- Dicen que su grito más doliente lo lanza al llegar a la Plaza Mayor, que allí se arrodilla… y, vuelta hacia donde estaban los viejos teocalis de los indios, besa el suelo y clama con angustia, y llena todo de aflicción.

– Cuentan que amó intensamente…

– Que fue abandonada…

– Que cometió un horrible crimen…

– Que hizo correr la sangre de los suyos…

– De todos modos, habrá sufrido mucho, pobre mujer… ¿por qué no puede descansar aún?”

Hoy, la ciudad de México, donde nació su leyenda, tiene otro ritmo y sus sonidos son abrumadores, aún a altas horas de la noche. Los niños no son tan crédulos y los abuelos ya no cuentan tantas historias. Cuánto ha cambiado este México en cinco siglos. Pero en sitios cercanos, donde la noche aún inspira temor, habrá todavía quien llegue a su casa con el corazón desbocado y el rostro pálido, y diga a su gente en un susurro “Es que escuché a la Llorona…”

Pages: 1 2 3

Related Articles

facebook-share