María Félix, la “Doña” del Cine Mexicano


Polémica, indomable, irreverente y hermosa. Así era la diva más recordada de la Época de Cine de Oro de México. Un solo movimiento de sus cejas y todo a su alrededor se paralizaba para escuchar su voluntad. Por supuesto es parte de la leyenda que la misma María Félix fue construyendo junto con los personajes que interpretó a lo largo de su vida.

María nació y creció en Sonora, en el norte de México. Aunque sin riquezas, su familia vivió con ciertos privilegios, acorde siempre con las pautas que marcaba la sociedad provinciana de entonces, donde la mujer se veía fuertemente sometida a la voluntad del padre. Por eso, apenas tuvo la edad mínima requerida, aceptó casarse con un vendedor de cosméticos, Enrique Álvarez, con quien tuvo a su único hijo, el también actor Enrique Álvarez Félix.

Sin embargo, ya sea por su fuerte carácter o por los celos de su marido, esta relación duró apenas 6 años, y orilló a María a trasladarse a la ciudad de México donde, por pura casualidad, comenzó su exitosa carrera cinematográfica. Ella miraba los escaparates del Centro Histórico cuando el influyente Fernando Palacios se acercó y le preguntó que si le gustaría hacer cine. Su respuesta la llevó a filmar 47 cintas, varias de las cuales fueron proyectos internacionales en España, Italia y Francia.

María Félix fue un sólido pilar en la Época de Cine de Oro de México. Al lado de Pedro Armendáriz, Jorge Negrete, Pedro Infante, Dolores del Río, Columba Domínguez, entre otros, mostró al mundo un nuevo rostro de México. Ella personificó, las más de las veces, a mujeres aguerridas y valientes, a veces caprichosas, pero nunca dispuestas a bajar la mirada. Entre sus papeles más destacados es el protagónico de “Doña Bárbara”, filme inspirado en la novela homónima de Rómulo Gallegos. De ahí tomó el sobrenombre de “La Doña”.

Su fuerte presencia era ideal para interpretar a las adelitas o soldaderas, acompañantes de los militares y campesinos durante la Revolución Mexicana. Así se aprecia en “Enamorada” y “La Cucaracha”, donde interactuó con Pedro Armendáriz y Dolores del Río, la otra Diva del cine mexicano. Otro de sus filmes más famosos fue “Tizoc”, que coprotagonizó con Pedro Infante. Dominante y fría, se le daban muy bien los papeles de devoradora de hombres o destructora de hogares. Así la vimos en “La mujer sin alma” y “La Devoradora”. Pocas veces apareció en papeles humildes, como en “Maclovia”, donde interpretó a una india tarasca.

Su vida personal se convirtió en una película que iba filmando a la par que sus trabajos. Prácticamente tuvo los amantes que deseó, y ellos, rendidos ante su belleza y personalidad, hacían lo que los personajes de sus películas: cantarle serenatas, debatirse entre el orgullo y el amor por ella, e incluso, destrozarse un brazo de puro dolor de amores.

Entre sus romances, los que llevaron a sus seguidores a punto del delirio fueron el del compositor Agustín Lara y el de Jorge Negrete. Con ambos llegó al altar, aunque ambos enlaces fueron sumamente breves. Con Agustín Lara, María vivió en Acapulco una hermosa luna de miel, durante la cual el músico le compuso la melodía que la acompañaría toda la vida: “María Bonita”, aunque apenas dos años después casi la mata por celos. Jorge Negrete esperó 10 años para declararle su amor. Ella, que regresaba de Europa ansiando a su patria y estabilidad, aceptó. Tristemente, apenas 11 meses después, Negrete falleció de una afección en el hígado.

Su último matrimonio fue con el banquero Alexander Berger, con quien vivió más de 18 años. “La Doña”, “María Bonita”, falleció mientras dormía, la víspera de su cumpleaños 88, el 14 de abril de 2002. Su leyenda, sin embargo, brilla con luz propia en la historia universal del cine.

María bonita

Agustín Lara

 

Acuérdate de Acapulco

de aquella noche

María bonita, María del alma;

acuérdate que en la playa,

con tus manitas las estrellitas

las enjuagabas.

tu cuerpo, del mar juguete, nave al garete

venían las olas, lo columpiaban

y mientras yo te miraba

lo digo con sentimiento

mi pensamiento me traicionaba.

te dije muchas palabras de esas bonitas

con que se arrullan los corazones

pidiendo que me quisieras

que convirtieras en realidades

mis ilusiones.

la luna que nos miraba

ya hacía ratito

se hizo un poquito desentendida

y cuando la vi escondida

me arrodillé para besarte

y así entregarte toda mi vida.

amores habrás tenido, muchos amores

María bonita, María del alma;

pero ninguno tan bueno ni tan honrado

como el que hiciste que en mí brotara

lo traigo lleno de flores

como una ofrenda

para dejarla bajo tus plantas,

recíbelo emocionada

y júrame que no mientes

porque te sientes idolatrada.