Los Olmecas


La cultura Olmeca es también llamada cultura madre y se dice que son los habitantes de la región del Hule

La palabra Olmeca es un gentilicio de Olman donde se encuentra el hule (olimani), es decir la región situada en el Golfo de México desde el Papaloapan hasta la laguna de Términos en Veracruz y Tabasco. Toda esta región fue definida por el maestro Antonio Caso como la Mesopotamia mexicana.

Se sabe que el período del pueblo Olmeca existió desde 500 hasta 1500 a. C. Las raíces históricas de los pueblos prehispánicos de México se dividen en dos grandes bloques: el primero en el que predominan los Olmecas-nonoalcas de la costa que termina en Teotihuacán y Tajín y el segundo se remonta con el imperio de Tula en el actual estado de Hidalgo donde prevalece la influencia alteña de los chichimecas. En la costa de sus selvas y sus tigres tienen la supremacía, luego la altiplanicie con sus estepas y águilas.

Consideramos a la cultura Olmeca como una de las raíces más importantes en la formación de las culturas mesoamericanas por eso se le ha denominado “cultura madre” que no solo habla de la antigüedad de esta civilización, sino también a la influencia ejercida en la ideología, las manifestaciones artísticas, las religiosas y la forma de vida de los pueblos vecinos como las culturas zapoteca y mixteca que ya hemos visto.

La geografía del territorio del Hule permitió que la cultura Olmeca desarrollara los rasgos muy peculiares en su forma de vida, pues se vieron siempre rodeados de mar y ríos. Por lo que se dedicaban a la agricultura incipiente, pero lo más importante es que la pesca y la caza se convirtieron en las actividades más sobresalientes de su forma de vida.



También es importante decir que los Olmecas fueron los primeros en utilizar la piedra para hacer esculturas y fue utilizada en la arquitectura. La escultura monumental pertenece al ámbito de los centros ceremoniales. El pueblo Olmeca no sólo extendió su poderío territorial, también influyó de manera importante a las culturas del México precolombino que habrían de surgir de sus propias ramas.

El mayor legado del pueblo Olmeca a la humanidad ha sido sus inigualables esculturas en especial las ceremoniales como las famosas tres cabezas colosales de Tres Zapotes y La Venta que alcanzan 3m de altura por 3m de ancho con un peso total de 65 ton.

 

 

Las esculturas fueron talladas en una sola pieza completa de roca basáltica. Se han encontrado 16 esculturas que posiblemente representen hombres o niños destacados en la sociedad Olmeca, las características de estas esculturas son que tienen nariz achatada, labios gruesos, pómulos exageradamente pronunciados, la cabeza cubierta con una especie de casco circular adornado con labrados.

Los antropólogos han calculado que las esculturas fueron realizadas en un lapso no mayor de 300 años por grupos de escultores que aplicaron el mismo criterio en los diseños.

Existe una escultura que hace referencia al misterio de la religión Olmeca: el dios jaguar en coito con una mujer. Los historiadores están de acuerdo con que el origen de la raza humana desde la perspectiva Olmeca es fundado en el dios jaguar creador de una raza de titanes en estrecha relación con la mujer terrena. O bien, otra hipótesis es que las cabezas representan sacerdotes deificados antes de morir, ya que ninguna escultura tiene un rostro parecido, todas son diferentes. Así los sacerdotes divinizados representan a los titanes engendrados por el dios jaguar que gobernaba teocráticamente todas las ciudades Olmecas a lo largo de toda la historia de esta pueblo.

Por otra parte, la cerámica Olmeca se caracteriza por vasos escultóricos cilíndricos, platos de fondo plano, ollas globulares de cuello recto. Algunas piezas son macizas y moldeadas a mano en arcilla blanca como la que representa los rasgos faciales del niño jaguar.

Los altares son composiciones iconográficas labradas sobre bloques paralelepípedos de piedra y en sus lados aparece un nicho con una figura antropomorfa. También los Olmecas se consagraron a esculpir las estelas, que son bloques alargados tallados por un lado por personajes de alto rango.



Otra de las actividades que llaman la atención es la joyería Olmeca trabajada con pequeñas piezas de piedra verde pulida, los pequeños pectorales que representan cabezas o cuerpos humanos con bocas atigradas, ojos alargados; así como los pectorales con bajorrelieves, los grandes aretes, los colgantes de pirita y hemetita tallada como espejo.

Las piedras preciosas y las semipreciosas ocuparon un lugar muy importante con sus singulares tonalidades de verde, mismas que se convertían en preciadas joyas, delicados ornamentos (adornos) y singulares estatuillas. Los finos trabajos de pequeñas hachas y figuritas labradas en jade y obsidiana.

Iker Larrauir, Labrado de cabeza olmeca, 1965.

 

 En un arte oficial, propio de la sociedad muy desarrollada, donde la demanda de las clases altas y poderosas fomentó la aparición de artesanos de dedicación absoluta, solo se dedicaban de tiempo completo a esta labor y especializados en trabajo como la joyería.

Todo el exquisito trabajo en orfebrería y joyería del pueblo Olmeca se difundió a los pueblos vecinos por medio del comercio que se basaba en el trueque de mercancías, esto es que iban a los mercados a intercambiar sus trabajos por otros productos que necesitaran, como alimentos, vestidos etc.

En el México prehispánico no se contaba con animales de carga que ayudaran a transportar la cosecha, la madera, las piedras monumentales que el grupo de artesanos requería para su trabajo, por lo tanto se debe reconocer que todo lo realizaban los mismos Olmecas en el caso de transporte, los comerciantes recorrían grandes distancias intercambiando sus productos en los tianguis o mercados públicos que tenían un día a la semana o al mes para instalarse en una determinada ciudad.

En los tianguis se llevaban a cabo el intercambio de mercancía, de modo que el trueque era la forma de comercio, aunque también se le asignaba valor a los objetos y se podía pagar con la cantidad adecuada de cacao que en este caso se utilizaba como un producto con valor para efectuar una operación comercial.



Respecto al gobierno la población Olmeca estaba dividida según su oficio en el trabajo bajo un gobierno teocrático, esto es que los dioses según ellos les decían quiénes eran los elegidos para gobernar, en los estratos bajos se encontraban los agricultores, los lapidarios, los escultores, los orfebres, los joyeros.

En un nivel superior los comerciantes, en uno mayor, la nobleza militar y para tomar las decisiones más importantes estaban los sacerdotes cuya presencia otorgaba una estabilidad.

De manera que el pueblo Olmeca era politeísta (adoraban a varios dioses) con un gran sentido de los misterios de la religión. La máxima representación era la del dios jaguar centro del pensamiento religioso y también se encontraba la serpiente como símbolo del agua en la Tierra.

 

Mural de Rufino Tamayo

 

De la unión de ambos animales nació una figura serpiente-jaguar que se volvió la expresión del agua fertilizante para la Tierra, de la cual nacía la vegetación y el alimento del hombre, es decir, el maíz que representa la propia vida.

Aunque en el Valle de Anáhuac se asentaban los pueblos provenientes de la región Norte, los Olmecas se expandían cada vez más hasta que las tribus de las nahoas se impusieron en fuerza y número a los Olmecas. De la unión de estos dos pueblos surgieron los totonacos, huastecos, huejotzoncas, etc. Quienes con el transcurrir de los años pertenecerían al poderoso imperio azteca de Moctezuma Ilhuicamina que en una sangrienta campaña que duró desde 1458 hasta 1463 se adueñó de varias regiones estratégicas. El mundo prehispánico una vez más sufrió cambios y la tradición de los pueblos dominadores y dominados continuó con el último logro azteca de fundir tantos pueblos en un sólo imperio, de manera que se preparó el terreno para los conquistadores europeos.

 

Otra parte de la vida diaria de los Olmecas era la agricultura fundamental en su economía y manejaban la técnica típica mesoamericana: la roza. Es decir, preparar terrenos que han servido al cultivo con una limpieza total del plantío llamado tumba, luego procedían a incendiar todo el sembrado llamado quema, utilizaban esta técnica con la creencia de que se lograría una tierra más fértil.

La alimentación Olmeca también incluía algunos frutos del bosque: mamey, zapote, así como peces, tortugas y moluscos. También venado, pejelagarto, cocodrilo, jabalí, jaguar, caimán, faisán y perdiz.

Los rasgos físicos de los Olmecas se mantienen en misterio porque las esculturas o figurillas encontradas reflejan una parte de realidad y otra las ideas totémicas que manejaba éste pueblo.

De cualquier manera por restos de las tumbas se cree que eran personas de poca estatura, fuertes, de cabeza deformada voluntariamente y rapada, ojos oblicuos, nariz ancha, cara redonda y labios gruesos. Los Olmecas también se dividían en estratos sociales y la clase más pobre cubría sus cuerpos con calzones de manta. Los sumos sacerdotes eran quienes portaban atuendos con hilos de colores y todo tipo de joyería que producían los artesanos del reino.

La escultura de piezas monumentales es una de las obras de mayor trascendencia del pueblo Olmeca a la humanidad. Las famosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes fueron transportadas desde canteras muy alejadas sobre grandes rodillos de madera hasta el destino final de la escultura. De igual manera era un pueblo con importantes conocimientos matemáticos y astronómicos que sirvieron como base al preciso calendario maya del cual tiene una importante influencia Olmeca.

El sistema de escritura Olmeca fue el precursor de los jeroglíficos mayas. Los Olmecas dejaron establecidos patrones culturales que influyeron en sus sucesores en los siglos venideros, por ello se considera la cultura madre más importante de México.

La cerámica Olmeca en un principio era monocroma: un solo color, negro, café, roja, blanca y con escasa decoración, solo cuerpos esféricos; pero al transcurrir el tiempo cambiaron los gustos de los artesanos por bicromía: rojo sobre blanco, blanco sobre rojo, rojo sobre café, gris con blanco, negra con bordes blancos agregando las bases planas a los conocidos diseños esféricos.

Las figurillas se elaboraban a mano: una versatilidad de figuras, hachas y estatuillas de jade, jadeíta o serpentina, de formas muy diversas en las que predominan las representaciones de la divinidad hombre-jaguar.

También se han encontrado vasijas zoomorfas de patos, peces, jabalíes, aves, armadillos y el singular jaguar.

Por todo lo que hemos visto sobre la cultura Olmeca podemos entender por qué es llamada la cultura “madre” pues de ella se desprende la influencia que tuvieron sobre las demás culturas.